El frío de la noche, congeló mis manos. Un poco de levante por allí y otro por allá. Mi pelo inquieto por el fuerte viento que soplaba. Mis oídos enriquecidos por la alegre melodía que acababan de degustar. Sensación de bienestar que era difícil que desapareciera. Parecía finalizar el día, pero no era así. Solo era el comienzo de una noche que podría haber sido... perfecta. Solo un par de minutos nos separaban de nuestro encuentro. Tras un leve paréntesis, ya estábamos juntos. Una larga trayectoria me hiciste recorrer, pero con tal de disfrutar de tu compañía, me era indiferente. Charla tras charla, un encuentro inesperado y una que otra broma nos acompañaron por las desiertas calles que anduvimos. Algún que otro roce hacia que me cuestionase lo que me apetecía hacer, aunque la inseguridad me lo impidió. Notaba cada vez mas acercamiento por tu parte, y eso me ponía nerviosa. Tu brazo por encima de mis hombros durante unos minutos, minutos que consiguieron bloquearme y quedarme en blanco, no sabia como corresponderte. Al no ver nada por mi parte, decidiste quitarlo. En parte, lo agradecí, me sentía incomoda, pero en el fondo, no quería que lo hicieses. Cruzando un pequeño puente, nos quedamos quietos en medio de este, me gire y allí estabas esperándome con los brazos abiertos, era hora de nuestro primer abrazo, abrazo que no olvidare. Pude sentir la energía que me desprendías, el calor que obteníamos el uno del otro, calor agradecido ya que nos encontrábamos envueltos entre frías brisas. Cerré los ojos un instante y conseguí escuchar el sonido de tu corazón latir. Al deshacernos de ese abrazo, era el momento perfecto para haber dejado fluir tanto los sentimientos como las emociones, nos encontrábamos uno frente al otro, olvidarnos de nuestro alrededor, haber cerrado los ojos y ...
Ya poco a poco el camino iba terminando, solo nos daba tiempo de contar alguna breve historia y hacernos alguna que otra pregunta. Me acompañaste hasta mi destino. Una breve despedida y un cuando nos volveremos a ver. Creí que todo acabo ahí, pero no fue así. Una larga conversación nos entretuvo tanto a uno como a otro. Al principio algo picara y sincera, pero al ir avanzando, se torció un poco. Era tarde, ambos estábamos cansados y por mi parte, creía saber lo que decía, pero mis emociones en ese momento, no era los esperados. Pero después de lo ocurrido, me quedo con lo bueno, que es algo que siempre supera a lo malo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario