martes, 10 de septiembre de 2013

Frente a la inmensidad

Una mirada fría, cautivadora...unos ojos tristes que dejan derramar miles de lagrimas, lagrimas que no van a ninguna parte. Un fruncido ceño y unos labios tan rojos que maquillan el pálido color del dolor. Retoma el aliento y traga saliva, ella sigue haciendo lo que le llena...sigue recitando las palabras que su corazón le dicta y de la mejor manera que sabe. Un tono blanquecino es el que colorea su rostro y el resto de su cuerpo. Furia, rabia, son las que le mueve a hacer cosas que ni ella misma imaginaba. Tan cierto pero a la vez tan siniestro es ver lo que el amor es capaz de hacer. Lo mismo salva vidas como que las destroza. Lo mismo te hace elevarte a los cielos como que te arrastra por los infiernos. Es una palabra tan bella pero a la vez una palabra oculta en temor. Una palabra llena de fuerza y debilidades. Una palabra que si entra en tu vida, es difícil que salga. Aun así, ella toma el control de la situación. Se desnuda frente a la inmensidad, dejándose ver tal y como es. Sin complejos ni preocupaciones. Quiere que el mundo sepa de su existencia, pero su principal objetivo es hacerle saber a aquel que ocupó un importante lugar en su corazón, que ella aun sigue ahí. La lucha es continua, y su felicidad es la que la anima a seguir con sus gritos a la nada, aliviar su ronca voz cansada de llantos y de malas lenguas. Cubre su rostro no para desaparecer, lo hace para secar sus lagrimas, fortalecer su mirada e impregnar sonrisas a los demás. Un paso firme y unas ideas claras son la clave de llegar a lo mas alto, de llegar a ser lo que quiere ser y eso es lo que ella ha hecho. Una mirada al frente y un largo camino por recorrer, ya sea o no acompañada de la persona que en su día llamaba amor.

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